Insanity

INSANITY

SINOPSIS

Isabel perdió a su madre cuando ella solo tenía 8 años de edad, desde entonces su vida se convirtió en un infierno, su padre se volvió alcohólico después de ese terrible suceso y en repetidas veces tenia ataques de furia por la bebida poniéndola en peligro, su hermano, el único que la ayudaba y protegía desapareció sin dejar rastro.

Sumado a esto, vive en uno de los peores lugares del país, Netmut un pueblo casi sin ley ni justicia, lleno de criminales y ladrones, Isabel ahora en su segundo año de secundaria tendrá que buscar la forma de escapar de esa horrible vida.

EPISODIO 01: La Vida en Netmut Village

-¿Dónde está mi hermano?- Preguntaba Isabel mientras se acercaba lentamente asustada a su padre, estaba sentado bebiendo una botella de cerveza en la cocina, en su mirada podía verse enojado e irritado.

-Ese fenómeno se fue de aquí, y espero que jamás regrese- Respondió con una voz ronca y desinteresada.

-Es mentira, él no se iría sin decirme, ¿Qué le hiciste a mi hermano?- Grito Isabel mientras las lágrimas caían por sus mejillas, no podía creer que su hermano se hubiera ido de casa, y menos sabiendo que su padre le odiaba desde hace semanas, este no le contesto a su pregunta, se acercó un poco más a él y logro ver que su brazo estaba herido y era reciente.

-Tú le hiciste algo, estoy segura, ¿Por qué tienes el brazo herido? ¿Dónde está Sirius?- Isabel lloraba desconsoladamente, pero aun así tenía fuerzas para gritarle a su padre.

-¡Cierra la boca de una puta vez!- Su padre lanzo al piso la botella de cerveza a solo unos centímetros de Isabel, debido al susto cayo al suelo.

-¡Ese monstruo ya no está aquí, y eso es lo único que importa!, ahora más vale que te calles si no quieres que te cierre la boca a golpes- Isabel aterrada por lo que dijo su padre se levantó y corrió lo más rápido que pudo a su habitación.

-¿Sirius dónde estás? Regresa hermano por favor – No podía parar de llorar, no comprendía como había sucedido esto, ¿Dónde estaba su hermano? ¿Por qué la dejo sin decirle nada? ¿Estaba bien?, quería escapar de ahí, pero, ¿Adónde iría? Apenas tenía 8 años de edad y la idea de salir sola a la oscura calle era más aterradora que la de estar en casa con su agresivo padre.

Ella vivía en Netmut Village, un pequeño pueblo al sureste de Lost City, conocido más que nada por ser la madriguera de las peores escorias de la humanidad, pues era un pueblo sin jurisdicción de las grandes ciudades, y la ley que tenían era insuficiente, prácticamente cada persona se cuidaba por su cuenta, salir de noche era prácticamente un suicidio.

Isabel abrió los ojos, en su mesa de noche estaba su despertador sonando sin parar, todo había sido una pesadilla originada de ese horrible recuerdo.

-¿eh? ¿Ya amaneció?… que horrible sueño- alzo el brazo y presiono el botón de detener, los rayos de sol atravesaban la delgada cortina de la ventana, era la hora de levantarse para ir a la escuela.

-Otra vez es lunes, espero que esta semana no sea tan pesada como la anterior- Sin muchos ánimos Isabel se levantó para arreglarse, del ropero saco su uniforme escolar y lo dejo en su cama, se lo pondría después de arreglarse, comenzó por peinarse, pero mientras lo hacía vio la foto de su hermano la cual estaba pegada en el marco del espejo.

-Sirius – Dijo levemente con un tono de tristeza y melancolía, dejo el peine y agarro la foto para contemplarla más de cerca, no pudo evitar soltar una lagrima al ver a su querido hermano, del cual ya no supo nada desde aquella noche, Isabel estaba segura que su padre era el responsable de su desaparición, pero se negaba a pensar que este lo hubiera asesinado, intentaba ser lo más positiva que se podía y pensar que aún seguía en algún lugar, pero si fuera así, ¿Por qué nunca regreso? ¿Por qué nunca le envió aunque sea un mensaje de que estaba bien?

-Te extraño mucho hermano, ojala estuvieras aquí conmigo- Isabel se secó las lágrimas y término de peinarse, tenía que preparar su desayuno, del refrigerador saco un pequeño envase de plástico con sobras de la cena del día anterior,  la comida no era mala, pero no era lo que se podría denominar un desayuno, su padre compraba lo justo para poder comer cada semana.

Isabel sabía que podrían tener una mejor alimentación si no se gastara su padre el dinero en cigarrillos o bebidas, pero sabiendo su temperamento, por su bien físico era mejor resignarse a la comida que el traía a la mesa.

Terminado su desayuno, agarro su mochila, se puso su uniforme y salió de casa para dirigirse a la escuela, Isabel tenía que caminar 8 cuadras para llegar ahí y en cada una podía sentirse un peligro enorme, En el pueblo reinaba mucho el vandalismo, estaba dividido en sectores, y cada uno estaba liderado por un grupo de criminales.

La escuela estaba en medio del límite de dos sectores dominados por diferentes bandas, “Demons of Earth” y “Bone Street” por lo que era recurrente que se pelearan en los alrededores, ya sea por reclutar miembros nuevos o robarles sus posesiones a los estudiantes indefensos.

Cuando Isabel estaba en la primaria tenía suerte de que las pocas autoridades que hay en el pueblo se encargaban de vigilar la escuela, pero en la secundaria la vigilancia bajaba a casi ser nula, Tenía que ingeniárselas para esquivar a los malandrines que se encontraban por las calles.

-Por favor no lo hagan, mis papas me la acaban de comprar- Imploraba un niño, el cual estaba tirado en el piso rodeado de adolescentes con chaquetas y chalecos de cuero con una calavera estampada en la espalda, uno de ellos sostenía en sus manos una patineta de un color rojo brillante.

-Es una patineta muy buena, y ahora es propiedad del grupo de los “Bones”- Dijo el chico que la sostenía en brazos, el niño comenzó a llorar y a suplicar que se la devolvieran, Isabel estaba en la calle de enfrente, solo se limitó a seguir caminando rezando para que esos brabucones no la vieran.

No podía hacer nada para ayudarlo aunque quisiese, meterse con alguna pandilla era uno de los peores errores que podría cometer, incluso la mayoría de adultos se lo pensaban dos veces antes de ayudar a alguien acosado por estos grupos.

A diferencia de las calles o su propio hogar, la escuela era un sitio tranquilo donde Isabel podía despejar su mente y relajarse, era una de las mejores estudiantes, aunque también era una de las más introvertidas, se sentaba en una esquina del salón de clases y solo se enfocaba en estudiar.

No hablaba mucho con sus otros compañeros, ni siquiera tenía un amigo, no es porque ella no quisiese, sino porque tenía una meta clara, ella quería escapar de ese repugnante pueblo, su hermano le había contado de la beca de estudios que tenía la escuela, podría ser transferida a la ciudad de Lost City para estudiar en la prestigiosa escuela Harmony con los gastos pagados, esto incluía la estancia, pero para lograrlo tendría que tener unas excelentes notas, por eso no podía darse el lujo de distraerse.

Isabel pasaba sus recreos en la biblioteca, ahí tenían computadoras las cuales los alumnos podían utilizar, era el único momento en el cual ella tenía acceso a el internet, en su casa no disponía de ese servicio y estaba claro que su padre no lo pagaría, usaba ese tiempo para ver un poco de cómo era el mundo fuera de su pueblo, como eran las grandes ciudades, y cada vez que lo hacia sus ganas de irse de Netmut crecían aún más.

EPISODIO 02: Un pequeño rayo de luz

Otro día de clases acabo e Isabel tenía que regresar a casa, tratando nuevamente de no encontrarse con ningún maleante, la ventaja era que al menos en la salida podía verse más gente, pues a diferencia de la entrada a clases aquí todos los estudiantes se juntaban al mismo tiempo, era más complicado que algún grupo intentara hacer algo con tanta gente por la calle, Sin embargo esto solo ayudaba en las primeras cuadras, pues mientras más se alejaba de la escuela, menos gente había para protegerla.

-¿Eh? ¿Qué están haciendo esas personas ahí?- Ya solo faltaban dos cuadras para llegar a su hogar, Isabel pudo notar que algo estaba mal, había un choche Negro aparcado en la esquina y junto a él dos pandilleros que vestían chalecos de color rojo, con pañuelos del mismo color, pantalones de mezclilla rasgados y botas negras, sin duda eran pertenecientes a los  “Demons of Earth”, eso era un problema, pues esa zona era de los “Bone Street” estaba claro que no venían a pasar el rato, se aproximaba una pelea de Pandillas.

-Esto es malo, si aparecen los bones esto se convertirá en una pelea, será mejor regresar y tomar otro camino – asustada por la situación dio la vuelta, pero era tarde ya, pudo ver como se aproximaba un auto de los “Bone Street”, estaba en medio de lo que se convertiría en un conflicto, quizás incluso de armas de fuego.

– Oh no, esto está mal, ¿Qué hago? ¿Qué hago?-  miro por todos lados buscando una forma de escapar de aquel lugar, su única opción era saltar por encima de una Valla de madera que tenía a su lado, Esta daba a un lote abandonado lleno de basura, arbustos, maleza y quizás insectos o incluso serpientes pequeñas, pero a comparación de lo que estaba por pasar era una mejor opción.

– No tengo otra opción – Isabel dio un salto y se agarró del borde de la valla, con todas sus fuerzas logro subirla pasando al otro lado, el lote estaba lleno de envases, latas, cajas y botes de basura, era horrible, pero eso era lo que menos le importaba en esos momentos.

-Oigan estúpidos demonios fuera de nuestro territorio- grito un hombre de los “Bones”, Isabel sabía que estaba a punto de comenzar la pelea, se echó al suelo asustada, , los sonidos de disparos y gritos de la gente cercana se empezaron a escuchar.

-Está pasando, realmente está pasando, al otro lado de esta valla se están matando unos a otros – Isabel estaba completamente aterrada, con sus manos tapo su boca para que no se oyeran sus gritos y así no llamar la atención de los maleantes.

– Acabamos con esos cabrones, vámonos de aquí antes de que vengan refuerzos – Después de unos segundos se pudo escuchar el sonido de las puertas de un auto cerrándose y seguido a eso como este se iba del lugar a toda velocidad, dando así final a un conflicto en el cual miembros de alguna de las bandas habían muerto.

– ¿Termino?… ¿realmente termino?…. eso quiere decir… que están muertos… al otro lado de aquí hay personas muertas. – Aun después de que se acabara la batalla Isabel apenas podía moverse, su corazón latía tan rápido que parecía que explotaría en cualquier instante.

– Mis piernas no paran de temblar, eso fue horrible ¿Por qué las bandas hacen eso? ¿Porque tienen que matarse?- se sentó un momento, inhalo y exhalo profundamente para tranquilizarse, era la primera vez que había estado tan cerca de un tiroteo, en el pasado ya le había tocado escuchar ese tipo de conflictos, pero estos pasaban a unas cuantas calles, nunca justo al otro lado de una valla de madera, tuvo suerte de que ninguna de las balas saliera disparada a esa dirección y le diera por error.

– ¿eh? ¿Que fue eso? – Mientras Isabel se calmaba pudo darse cuenta de un pequeño ruido al otro lado de un arbusto, eran unos leves quejidos.

– ¿será una serpiente? No, las serpientes no suenan así – Intrigada por el sonido se acercó al arbusto y vio a través de él, había una pequeña caja, dentro se encontraba un pequeño perro de raza “Rozowa Burza” de solo unos meses de edad, se acercó al pequeño animal para acariciarlo, pero este se hizo para atrás en una evidente muestra de temor.

-No te asustes, no voy a acerté daño- Isabel acerco su mano lentamente a la cabeza del cachorrito, al ver no ver rastros de agresividad se dejó acariciar por la niña.

-¿Tú también te asustaste por los disparos verdad? No te preocupes ya paso, eres un perrito muy bonito ¿Por qué estás aquí? ¿Te abandonaron?- Isabel se sentó junto a él, a ella le gustaban mucho los animales, en su infancia tenía un perrito llamado Kuki al cual mimaba todo el tiempo, pero por desgracia fue atropellado por un auto que paso a toda velocidad por su casa.

– ¿Tienes hambre? Mira tengo un poco de comida para ti – Isabel saco de su mochila las sobras de un Sándwich que dejo en el receso y se las dio, estar con el perrito le ayudo a olvidarse de la horrible situación en la que se había encontrado.

– Que lindo perrito, ojala pudiera jugar más contigo pero tengo que irme a casa – mientras el cachorro comía Isabel se levantó y salto la Valla, le hubiera gustado llevarse al animalito, pero a su padre no le agradaría eso, la única razón por la que pudo tener a su adorado Kuki en el pasado fue porque Sirius se hizo cargo de las responsabilidades de tenerlo en casa, pero al no estar el, e Isabel al no tener dinero, no podría quedárselo.

Isabel llego a casa, pero esto no era bueno del todo, tenía que encargarse de las tareas domésticas, lavar los platos, barrer y sacar la basura, Después de que su madre falleciera, su hermano se encargó de mantener la casa en orden, haciendo las tareas del hogar, e incluso dejando de estudiar y tomando un empleo de tiempo completo a sus apenas 15 años, su padre al contrario cayo en depresión, se volvió un completo alcohólico, eso no hacía más que traer problemas, dejo de pensar con claridad y se gastaba los pocos recursos que tenían en más y más cervezas, esto por sí mismo ya había traído conflictos con Sirius, le reprochada su terrible trabajo como hombre del hogar.

Pero ahora que no estaba Isabel tenía que encargarse de hacerlo, no tenía opción, era eso o su padre la metería a trabajar, cosa que no ayudaría en nada a Isabel, ya tenía su plan para escapar del pueblo y era estudiando, se apresuraba todos los días a terminar sus deberes para así tener tiempo de estudiar, tomaba de la biblioteca escolar varios libros de texto para verlos en su tiempo libre, aunque tenía que ser cuidadosa, su padre trabajaba de noche por lo que este dormía en las tardes, ella tenía que hacer sus deberes sin hacer mucho ruido aunque esto la atrasara.

El único momento que pasaban juntos era la cena, pero no era algo que ella esperara demasiado, se hablaban poco desde la desaparición de Sirius, por lo que estas cenas eran momentos incomodos para Isabel, solo se limitaban a comer en silencio, debes en cuando su padre le hacía preguntas de cómo iba en la escuela, pero no era porque se preocupara por sus estudios, si no que buscaba alguna excusa para sacarla, Isabel sabia esto bien, su padre nunca estuvo de acuerdo en meterla a la secundaria, la única razón por la que cambió de idea fue que Isabel prometiera hacer la limpieza.

EPISODIO 03: Una situación imprevista

Isabel caminaba hacia la escuela por la calle donde había ocurrido el tiroteo, Observo los daños ocasionados, estaban los agujeros del impacto de las balas en algunas paredes, pero sin duda lo que más impresionaba era las manchas de sangre que aún permanecían en el suelo, las autoridades se encargaban de los cadáveres, pero nadie se encargaba de la limpieza.

-Qué horror, tuve mucha suerte de escapar a tiempo- A Isabel le recorrió una horrible sensación por lo sucedido el día anterior, pero también le hizo recordar la bonita sorpresa que encontró.

– Me pregunto si el perrito seguirá en el lote- decidió dar un pequeño vistazo, se paró de puntillas para poder asomarse al otro lado de la valla.

– Ahí sigue, parece que está buscando comida -El perrito estaba caminando por el lugar, este volteo a verla, y después de un olfateada se acercó a Isabel agitando la cola, estaba claro que el cachorro la había reconocido.

– Hola perrito, parece que me recuerdas – Isabel no pudo resistirse a la mirada adorable del perro, de su mochila saco su almuerzo y le aventó un poco para que comiera.

Después de clases decidió pasar un poco de tiempo jugando con él, su padre estaba dormido así que no notaria su ausencia, le tiraba un palo para que este lo trajera, pasar el tiempo con él le hacía recordar los viejos tiempos cuando ella y Sirius jugaban con Kuki en el patio de su casa.

El tiempo paso volando para Isabel, sin darse cuenta estuvo 20 minutos con el perrito, tenía que irse, pues debía hacer sus deberes, se acercó a la valla para saltarla pero el perrito iba tras ella.

-No perrito, quédate aquí- el perrito no entendía lo que decía, solo se le quedaba viendo agitando su cola feliz, para distraerlo lanzo el palo al otro lado del Lote, el perrito corrió hacia el e Isabel aprovecho esto para irse del lugar.

-Lo siento, ojalá pudiera traerte a casa- Mientras se iba Isabel podía escuchar los quejidos tristes del perrito al no poder verla, esto le dolía, pero con su padre en casa no podía tenerlo, era mejor que se quedara ahí.

Isabel hizo la misma rutina en los posteriores días, de camino a clases le daba un poco de comida al perro, aunque ahora ya le tenía algo preparado, y no era un pedazo de su almuerzo como en anteriores ocasiones.

En las tardes al salir de la escuela pasaba unos minutos jugando con el perrito, se traía de casa algunos juguetes que tenia de su anterior mascota, además poco a poco limpiaba el Lote, gracias a que hacia las tareas del hogar ya estaba acostumbrada a limpiar, se llevaba en su mochila bolsas de plástico para guardar la basura, y después las tiraba en un contendor público que estaba cruzando la calle.

Usando las herramientas de jardinería de su casa logro quitar las malas yerbas, era una suerte que este lugar estuviera a solo 2 calles de su hogar, así podía llevar y traer cosas sin muchos problemas.

En cuestión de 2 semanas el viejo lote abandonado lleno de basura y maleza se había convertido en un pequeño patio donde Isabel podía jugar, un espacio tranquilo donde podía despejar su mente y divertiste como en su infancia.

Isabel se hizo tan unida con este cachorro que decido adoptarlo poniéndolo un nombre, “Yuuki”, gracias al tiempo que pasaron juntos se volvió muy obediente con Isabel, ya no se ponía triste cuando esta se iba, él se quedaba ahí esperándola.

Todo parecía ir mejor para Isabel, su vida no había sido tan feliz en años, pero desgraciadamente para ella, la ciudad seguía siendo la misma, después de entregarle el desayuno a Yuuki, Isabel fue interceptada a dos calles de la escuela por una chica, su aspecto revelaba que ella formaba parte de los Bone Street, tenía en su mano una navaja, la cual utilizo para amenazar a Isabel.

-Ya sabes cómo es esto, dame todo el dinero que traigas o te rajo el estómago – Isabel estaba sumamente asustada, sus piernas y manos no paraban de temblar, metió las manos a sus bolsillos  y saco de ahí tres billetes de 1 Zicoin cada uno.

-¿3 Zicoins? ¿Eso es todo? Vaya mierda- La chica arrebato de las manos de Isabel el dinero de una forma agresiva.

-Ahora piérdete mocosa- Dijo con un tono de desprecio la chica a Isabel, esta se fue corriendo, cuando estuvo lo suficientemente lejos se paró a respirar y a procesar lo que había pasado, era la primera vez que había sido asaltada, había escuchado historias de sus compañeros de clase de cómo habían sido robados por vándalos, pero vivirlo en carne propia era una sensación que ninguna de esas historias podía describir, el miedo de tener una navaja frente a ti, el saber que un mal paso podría ocasionar una herida mortal, Isabel lo había experimentado por carne propia.

Isabel trato de calmarse pues tenía que asistir a la escuela, tenía que rápidamente olvidar esa horrible experiencia, tenía que librarse de esos aterradores pensamientos y concentrarse en lo que importaba para ella, el estudio.

Pero, había una extraña sensación en ella,  algo que recorría sus brazos, ¿Era por el miedo? No, esto era algo completamente diferente, en sus brazos podía sentir muchas pulsaciones, esta sensación crecía cada vez más, Isabel no comprendía que pasaba, nunca antes se había sentido así, asustada se levantó las mangas de su suéter.

No  podía creer lo que estaba viendo, en su brazo sobresalían unas púas muy afiladas, paso sus dedos por ellas para cerciorarse de que fueran reales, eran duras y tenían una textura parecida al hueso.

-¿Púas? ¿Pero Cómo? ¿Porque tengo el poder de Sirius? – Isabel estaba completamente confundida, pero de lo que estaba segura es que tenía el mismo poder que su hermano, ella era un Superior.

Un día Sirius despertó y noto que de su cuerpo sobresalían unas púas, estaba claro, tenía poderes, pero a diferencia de otros superiores, Sirius no podía controlarlos, su poder se mantenía activo todo el tiempo, cambiando incluso su apariencia, “El Pinchos” así decían sus amigos y vecinos.

A Isabel le parecía genial que su hermano tuviera esas habilidades, pero su padre no pensaba lo mismo, este lo tachaba como un fenómeno y en reiteradas ocasiones le había dicho que se avergonzaba de que fuera hijo suyo, desde que se convirtió en superior las peleas con él se intensificaron más y más, hasta que llegaron a ese terrible día.

Sirius había descubierto que su padre se gastó el dinero que había ganado con tanto esfuerzo en cigarrillos, dinero que estaba destinado a la educación de su pequeña hermana, esta fue la gota que derramo el vaso, y fue así como en una explosión de furia lanzo una de sus púas, esta rozo la pierna de su padre, furioso por aquel ataque se disponía a golpear a su hijo, pero fue detenido por los gritos de Isabel.

-¡Deténganse!- Gritaba una asustada Isabel la cual no dejaba de llorar por ver lo que estaba pasando, ella odiaba que Sirius y su padre pelearan, y en cierto modo, ambos tampoco querían ver a Isabel así, su padre contuvo su enfado y simplemente se dio la vuelta y salió de la habitación sin decir una palabra.

Sirius respiro para calmarse, luego camino hacia su hermana para tranquilizarla con un abrazo.

-¿Qué paso? ¿Porque estaban peleando?- Decía Isabel con lágrimas en los ojos.

-No te preocupes por eso, mira, ya se está haciendo tarde y tienes que ir a la escuela, vamos, te acompañare- Sirius seco las lágrimas de su hermana, agarro su mochila y la llevo al escuela, esa fue la última vez que estuvieron juntos, pues en la tarde al llegar a casa Isabel descubrió que su hermano había desaparecido.

EPISODIO 04: Transformacion

La mente de Isabel estaba completamente en caos por las cientos de preguntas que surgieron en un momento ¿Por qué tenía los poderes de Sirius? ¿Por qué habían aparecido? ¿Qué debía hacer con ellos? Pero estos pensamientos fueron cortados cuando escucho la campana de la escuela.

-¡Se me ha hecho tarde!, pero… ¿qué debo hacer con esto?- Isabel dudaba en ir a la escuela, ella sabía que necesitaba entrar a clases, faltar perjudicaría sus estudios, pero tenía miedo de cómo reaccionarían sus compañeros si se enteraban de que tenía poderes.

-Tengo que asistir, debo de averiguar porque me está pasando esto y la única forma de hacerlo es en las computadoras de la escuela- Isabel se bajó las mangas de su suéter, con esto podía tapar las púas de sus Brazos.

Durante las clases Isabel estaba muy nerviosa, cualquier mal movimiento podía revelar sus brazos, que su actitud introvertida ya fuera normal para sus compañeros le ayudo a que nadie la notara actuando extraño.

Las primeras clases se le hicieron eternas, a pesar de solo durar 2 horas y media, el recreo por fin había llegado, el momento de investigar acerca de los superiores, usando una de las computadoras de la biblioteca reviso la información que había en internet.

-“Los poderes son originados del órgano Xaion, cuando las células potenciadoras emiten una gran cantidad de energía, las personas que poseen estas cualidades se llaman Superiores”, esto no me ayuda en nada, debo ser más específica- lo más rápido que podía Isabel leía blogs y foros donde se hablaba de los distintos poderes.

-“Púas, este poder permite al usuario generar una serie de afiladas púas a través de diferentes partes de su cuerpo, estas pueden ser lanzadas a voluntad con el correcto entrenamiento”, así que este es el poder que poseo, ¿Pero según la lógica de los Superiores, la persona elije cuando usarlo, porque entonces yo no puedo?- Isabel estaba buscando una respuesta del porque ella no podía controlar su poder.

-“Superiores Corrompidos, son aquellas personas que tienen su poder siempre activo, se desconoce la causa, así como la cura para este caso peculiar” – Al leer eso Isabel entro en desesperación.

-No hay cura, no puede ser, esto debe de poder curarse, no puedo lucir así, no ahora – Decía así misma en sus pensamientos, ella no podía concebir la idea de que estos poderes sean ahora parte de ella, después de todo, Isabel mejor que nadie conocía como el mundo trata a los superiores, los tachan de fenómenos, son insultados, despreciados, incluso algunos los agreden físicamente, entre esas personas estaba su padre, el cual odiaba que Sirius su propio hijo fuera un superior, y si fue así con él, pasaría lo mismo con ella.

A Isabel no le molestaba tener poderes, lo que no quería era tenerlos viviendo en ese pueblo, esto arruinaba por completo sus planes, ya era difícil vivir así y ahora tenía que ocultar que era una superior, esto hubiera sido sencillo si pudiera controlarlos, pero para su mala suerte, tendría que vivir su vida con la evidencia de que tiene poderes marcada en su cuerpo.

Cuando las clases terminaron, se fue corriendo directo a casa, esta vez no fue a divertirse con Yuuki, Isabel dudo al momento de llegar a la puerta, tenía miedo de su padre, ¿Qué haría si la viera así? Abrió un poco la puerta, lo suficiente para poder ver el interior, no había nadie y tampoco se escuchaban ruidos, seguramente su padre seguía durmiendo, entro muy sigilosa y se dirigió al baño de su casa, ahí examinó más el estado de sus brazos, estos poseían púas un poco más grandes que antes las cuales comenzaban desde la muñeca y terminaban a pocos centímetros de su codo.

-¿Porque? Esto no es justo, ¿Por qué no puedo desactivar esta cosa? – Isabel no pudo aguantar las ganas de llorar por la injusta situación en la que estaba metida, ¿no era suficiente con la horrible vida que tenía? ¿Por qué justo a ella le tenía que tocar un poder el cual no podía ocultar? Y aun mas con un padre  que odia a los Superiores, era como si el universo se estuviera burlando de ella con una cruel broma.

-¿Qué voy a hacer si alguien se entera? ¿Porque tenía que pasarme esto ahora? … ¿Hermano que debo hacer?, necesito a alguien que me ayude en esto – Isabel quería gritar, pero no podía, no ahí, despertaría a su padre, aguanto toda esa frustración para sí misma, esa rabia, ese dolor, se fue a su cama y se recostó, no quería hacer nada, no tenía ánimos, en su mente buscaba la forma de solucionar esto, como eliminar sus poderes.

EPISODIO 05: Encubrimiento

Isabel repaso la información que había leído en la computadora, recordó que uno de los temas hablaba de que se podían lanzar las púas, esto le dio una idea, quizás podría quitárselas, se dirigió al patio de su casa y ahí trato de lanzarlas como decía el Blog, pero no pudo, las púas no se desprendían de su brazo, con sus dedos intento quitárselas pero estaban agarradas a ella, aunque si parecía que podían retirarse pues se movían un poco.

Entro al cobertizo que tenían en la esquina del patio, busco unas pinzas en la caja de herramientas de su padre, agarro una de las púas y la jalo lo más fuerte que pudo, el dolor que sintió fue como el de un pellizco pero lo había logrado, la púa salió de su cuerpo, decidió a hacer lo mismo con las otras púas de sus brazos.

Tardo 2 horas, pero por fin había logrado retirar todas las púas, fueron un total de 60, Isabel quedo exhausta y adolorida, pero al menos ya no tenía esas cosas, aunque no podía ocultarlo así de fácil, pues a pesar de ya no tenerlas, estas habían dejado marcas en sus brazos, para ocultarlos utilizo un par de vendas del botiquín del baño, si alguien preguntaba podía decir que eran simples rasguños.

Isabel intento continuar su vida como si no pasara nada, pero pronto se dio cuenta de que sería más difícil de lo pensado, algunos de sus compañeros se empezaban a preguntar por qué ella estaba vendada de las manos, después de todo ya habían pasado 3 semanas desde que se retiró las púas, y mientras más pasaba el tiempo, era más difícil poner excusas.

En el primer día dijo que era porque se cayó de la bicicleta y eran solo un par de raspones, luego trato de hacerles creer que era porque se había quemado un poco cocinando, pero tanto ella como sus compañeros sabían que no podría estar vendada todo el tiempo, sería extraño y al final la descubrirían.

Con el paso de los días la tensión la abrumaba más, buscaba la forma de que sus marcas no se vieran sin la necesidad de usar las vendas, tenía pocas opciones, el uso de prendas externas al uniforme estaban prohibidas y también se acercaba el verano, ahí se complicaría todo pues el insoportable calor le impediría usar su suéter.

La presión se incrementaba, a este paso tarde o temprano sabrían lo que sucede, Isabel barajeo la posibilidad de contarle a la escuela de su situación, pero era una apuesta arriesgada, no era de su conocimiento si los altos cargos escolares aceptaban a los Superiores o si por el contrario los odiaban como su padre, Si este último fuera el caso, sería muy probable que la echaran de la escuela por ser un monstruo, algo que no podía permitirse, las dudas no dejaban descansar a Isabel, lo que comenzó a traerle problemas de sueño.

Mientras estaba en clases Isabel recibió una notificación por parte de uno de los maestros de que debía presentarse en la oficina de la directora, esto le helo la sangre, ¿Había descubierto la directora que era un Superior? ¿Se convertiría en realidad que su mayor miedo?.

Cuando terminaron las clases se dirigió a hablar con ella, las piernas le temblaban, estaba muy nerviosa, no sabía que debía esperar.

-Buenas tardes, tome asiento, tengo algunas cosas que preguntarle– Isabel acato las ordenes, se sentó justo en frente de la directora, ella parecía tener una mirada seria la cual la hizo ponerse más nerviosa.

-La razón por la que la hice venir es que he recibido algunos informes de los profesores, me dicen que usted ha presentado un comportamiento diferente en la últimas semanas, dígame con sinceridad, ¿Tiene problemas en casa?- Preguntaba la directora.

-¿Problemas?…. No, todo está bien- Isabel trato de aparentar que no pasaba nada, sin embargo su voz insegura la delataba.

-Señorita Isabel, usted es una de nuestras mejores estudiantes, es por eso que nos preocupamos de su bienestar, esas vendas que usted trae en estos momentos las ha llevado  durante casi un mes, estamos seguros que esos no son simples accidentes, estoy aquí para ayudarla ¿Usted está siendo agredida físicamente, quizás por alguna banda criminal?-

– No, todo está bien, de verdad, no tienen por qué preocuparse – La directora vio los ojos de Isabel mientras decía esas palabras, ella trataba de no mirarla fijamente, sin duda sabía que ocultaba algo.

-¿Por favor, sería tan amable de quitarse los vendajes un momento? – El corazón de Isabel latía muy rápido, en su cara podía notarse el sudor cayendo originado de presión que esta situación le estaba trayendo.

– ¿Por qué? Es una simple herida, no es nada, de veras – Isabel se abstenía a quitarse las vendas, de hacerlo quedaría expuesta como un Superior.

– En esta escuela nos enorgullecemos de nuestro gran sistema de seguridad, en un pueblo como este tenemos que tomar medidas difíciles pero necesarias, así que no podemos permitir que uno de nuestros estudiantes reciba daños y menos si representa un estándar de calidad – La directora se levantó de su asiento, camino hacia Isabel y la miro directamente a los ojos.

– Se lo pediré una última vez, por favor retire sus vendajes – Isabel estaba acorralada, no quería hacerlo, pero que alternativa tenia, sin pensarlo bien opto por escapar.

 

– ¡Señorita Isabel! – La directora agarro del Brazo a Isabel para evitar que escapara, pero en ese justo momento sintió un gran dolor, como si algo la atravesara, efectivamente, las púas de Isabel aparecieron de nuevo, atravesando la mano de la directora, se apartó rápidamente de la chica y comenzó a gritar de dolor.

-Directora, perdón…. Yo no quería hacerlo… no sé cómo sucedió- Isabel estaba horrorizada, no entendía como sus púas habían salido en ese momento, quizás habían actuado como un mecanismo de defensa en ese momento de gran presión.

– ¡¿Pero qué has hecho!?- Grito un prefecto, el cual había entrado corriendo en la oficina al escuchar los gritos de dolor de la directora, le reviso su mano, había sido atravesada por dos grandes púas.

– Llamare a una ambulancia, y tú, estas en graves problemas – Decia el prefecto con una voz grave y severa mientras apuntaba con su dedo a Isabel, esta salió corriendo de la oficina, quería escapar de aquella situación.

Los alumnos que estaban en los pasillos la vieron y se asustaron al ver sus afiladas púas de los brazos, Isabel tenía algo en claro, todo había acabado, su plan de vida ya no era posible, de hecho, ya ni siquiera podría poner un pie en esa escuela.

EPISODIO 06: MONSTRUO

– Mi vida esta arruinada… Todo mi futuro se ha ido a la basura- Isabel lloraba desconsoladamente en el Lote donde encontró a Yuuki, estaba agobiada, ya no sabía qué hacer, a donde ir, su mente estaba en blanco, el perrito estaba ahí junto a ella con una mirada triste por ver a su ama así.

– Todo por lo que luche…. Soporte todo este tiempo… y solo en un momento todo se arruina… ¿y porque?… por estas estúpidas cosas – Furiosa agarro con sus manos las púas, sin importarle que estas la hirieran, las arranco de un fuerte jalón, pero al hacerlo salían más, era como un ciclo sin fin, frustrada lanzo un gran grito, el cual causo que algunas de sus púas salieran disparadas, una de ellas impactando en Yuuki.

-¡Yuuki! No, no, no, no…. – Isabel se dio cuenta de lo que había hecho, la púa no atravesó al perro, pero si lo hirió de gravedad, este tenía una cortada en las costillas la cual hacia que sangrara mucho, Isabel se quitó rápidamente las vendas que tenía puestas y las uso para cubrir la herida, después de eso lo agarro en brazos y se dispuso a llevárselo para tratar de salvarlo.

Salto la Valla pero ahora tenía que decidir qué hacer, ¿a dónde iría? No sabía si había una veterinaria por ahí, y no había nadie cerca para preguntarle, sin otra opción lo llevo a su casa, quizás ahí podría tratar su herida, sabia un poco de primeros auxilio, su hermano Sirius le enseño para cuando lo necesitara, en ese pueblo tan peligroso era arriesgado no saber al menos lo básico.

Abrió la puerta de golpe, puso al perrito en la mesa de la cocina mientras que ella iba al baño por el botiquín, una vez con él se dispuso a tratar de curarlo, primero limpio su herida, el perrito hacia quejidos de dolor por esto, lo cual metía más presión.

-Te voy a curar Yuuki, resiste, yo te voy a curar-  Isabel termino le limpiar la herida de Yuuki, pero este estaba sangrando, con un pañuelo presiono la herida para impedir que saliera más sangre, esto parecía funcionar, el perrito estaba empezando a calmarse y al mismo tiempo también Isabel.

-¿Pero qué mierda haces?- Isabel quedo petrificada al escuchar eso, detrás de ella estaba su padre, el cual estaba agarrándose la cabeza, denotaba en su mirada enojo, había sido despertado por las acciones de Isabel.

-Ya sabes que odio que me despierten, hace que me duela la cabeza, ¿Qué es eso? ¿Qué carajo haces? ¡Trajiste un puto perro callejero a casa!- Grito enfadado al ver al perro en la mesa, Isabel estaba completamente paralizada del miedo, ni por un momento pensó en las consecuencias, ella solo quería salvar a su perro.

– Espera, ¿Eso es Sangre? Pero que mier…- El padre de Isabel la miro fijamente, este se dio cuenta de que ella poseía en sus manos las filas de púas.

– Papa yo… – Isabel apenas si podía hablar del miedo.

– Así que tú también eres un maldito fenómeno, debí esperarlo, tú y el siempre fueron iguales – Enojado agarro del cabello a Isabel.

– No papa, déjame, me duele, para por favor – decía entre gritos y llantos mientras era arrastrada a la puerta.

– ¡Déjame, déjame tengo que salvarlo! – Isabel con sus manos agarro el brazo de su padre, en ese momento sus uñas se convirtieron en filosas garras las cuales perforaron su piel causando que la soltara.

-¡Yuuki, Yuukiiiiiiii!- Isabel aprovecho el momento para correr hacia el perro, estaba perdiendo mucha sangre, lo agarro en sus brazos para escapar a otro lugar, pero su padre no se quedaría sin hacer nada. Sin darle tiempo a reaccionar la golpeo en la cara, lo que causo que esta cayera al piso junto con yuuki, el impacto del golpe le tumbo un diente a Isabel, además de dejarla desorientada unos momentos.

-Yuuki, ¿Dónde estás Yuuki? – a pocos centímetros de ella estaba su perrito el cual apenas podía respirar, Isabel extendió su brazo para agarrarlo, pero su padre con una patada lo lanzo a la pared.

-Basura de animal, y tú, las personas como tú me dan asco, maldigo el día en que tu madre me convenció de tenerlos, no fueron más que una decepción, ahora más te vale que te vayas de mi casa- Isabel estaba aún en Shock por lo sucedido, no sabía si debía llorar o gritar, sentía un vacío, pero también una impotencia, un tornado de emociones estaba dentro de ella.

-Qué esperas, ¿Acaso serás igual a tu hermano, tú también quieres que te saque a golpes? ¡Vete de aquí asqueroso monstruo!- el padre de Isabel la miraba fijamente con una mirada de odio, en sus manos sostenía un bate de béisbol que momentos antes se encontraba puesto encima de la chimenea, su mensaje era claro, Isabel por fin tenía una confirmación de lo que había pasado, lo que negó todo ese tiempo era real, su propio padre había sido el responsable de que Sirius ya no estuviera ahí.

– Cállate…. Cállate…. ¡CALLATE!… – Isabel lanzo un fuerte grito, estaba completamente furiosa, todo su cuerpo se transformó,  sus brazos y piernas se cubrieron de Púas afilas, sus uñas se transformaron en garras y su piel se tornó de un tono grisáceo.

Isabel arremetió contra su padre, impactado por la situación no tuvo tiempo defenderse, las afiladas y puntiagudas garras que se clavaron en sus costillas, el dolor que le causo hizo que cayera al suelo, Isabel empezó a atacarlo ferozmente como si fuera un animal salvaje.

– ARHH… ¡DETENTE! ¡AAAHHHH! – Su padre gritaba y trataba de quitársela de encima, pero gracias a las púas que ella tenía en su cuerpo, este no podía tocarla sin enterrárselas.

-Todo esto es tu culpa, has sido un padre horrible, siempre me odiaste, siempre odiaste a Sirius, nunca estuviste para nosotros, nunca hiciste nada, solo arruinaste nuestras vidas, si no fuera por ti tendría a mi hermano, si no fuera por ti esto no hubiera pasado, Sirius era el único que me entendía, él podía ayudarme con esto, pero tú lo apartaste de mí, tú te desiste de él, porque eres una persona asquerosa, eres un monstruo, ¡TU ERES EL MONSTRUO!-

Isabel por fin había sacado toda su frustración, años y años de aguantar su horrible vida, años de rencor, de desilusión, de remordimiento, liberados en cada uno de los golpes que le dio a su padre.

-Lo mate…. De verdad lo hice… Esta… Esta… Muerto – observo unos segundos el cadáver de su padre pero no tuvo efecto alguno en ella, no estaba triste ni alegre por su muerte, solo sentía una profunda soledad, ¿Qué le quedaba? Sus esperanzas por ver a Sirius se habían ido, su sueño de una vida mejor ya no era posible, y su pequeño amigo había muerto por culpa de ella.

– Yuuki lo lamento mucho, si no fuera por mí estarías vivo… Perdóname – Isabel camino donde estaba el cuerpo y se sentó a su lado.

– Ya no me queda nada… Fui una tonta al pensar que podría salir de aquí… que podía aspirar a algo mejor… desde el momento en que nací en esta asquerosa ciudad estuve destina la miseria… Yuuki, Kuki, Mama… Siruis… espero volver a verlos-